
Resumen
Casi ningún divorcio empieza con una gran traición: empieza con pequeñas actitudes que se vuelven costumbre hasta que un día ya no hay relación que salvar. Conocerlas a tiempo es la mejor forma de prevenirlas. Aquí encuentras 33 actitudes que pueden llevar a una pareja al divorcio o la separación, y cuáles tienen marcha atrás si actúas pronto. — Karen Langebeck, terapeuta de pareja e individual desde 2011.
Introducción
Llevar una relación de pareja no es tarea fácil, y casi nunca termina por una sola cosa. Cuando una pareja llega a la separación, rara vez es por aquella pelea, aquella mentira o aquella crisis puntual: es por todo lo que se fue acumulando antes, en silencio, hasta que la gota que rebasó el vaso solo fue la última de muchas.
Por eso tener los ojos abiertos ayuda tanto. No para vivir con miedo a que la relación se acabe, sino para reconocer a tiempo las actitudes que la van desgastando — esas que parecen pequeñas y que, repetidas durante años, terminan apagando lo que un día fue grande.
Desde 2011 acompañando a parejas, he visto que la mayoría de estas actitudes tienen marcha atrás si se trabajan antes de que el resentimiento se vuelva piedra. A continuación vas a encontrar qué lleva realmente a una pareja al divorcio o la separación, 33 actitudes concretas que conviene reconocer, y qué se puede hacer cuando aún hay tiempo.
¿Qué lleva a una pareja al divorcio o la separación?
A una pareja no la separa un problema, la separa la acumulación: pequeñas faltas de respeto, de confianza y de cuidado que se repiten hasta volverse el clima normal de la relación. Cuando ese clima se instala, el amor no desaparece de golpe — se va quedando sin oxígeno.
Conviene aclarar algo: una crisis no es lo mismo que el final. Casi todas las parejas atraviesan etapas duras, y atravesarlas no significa que estén condenadas al divorcio. La diferencia entre las que se separan y las que no rara vez está en cuántos problemas tienen, sino en si los enfrentan a tiempo o los dejan crecer. Por eso muchas de las actitudes de esta lista son reversibles — siempre que se reconozcan antes de que el daño se vuelva irreparable.
33 actitudes que pueden llevar al divorcio o la separación
No se trata de contar cuántas cumples para asustarte. Se trata de reconocer las que ya están pasando, porque lo que se nombra se puede cambiar. Las agrupé según qué van rompiendo.
Cuando se pierde el respeto
- Cuando se pierde la admiración y al otro se le toma en burla.
- Descalificar las opiniones de la pareja sobreponiendo las propias.
- Ridiculizar a la pareja frente a los demás.
- Responder con agresividad a las críticas o comentarios del otro.
- Humillar o «sacar en cara».
- Envidiar el éxito de la pareja.
- Competir con la pareja.
Cuando entra la violencia o la ira
- Golpear, amenazar, insultar, amedrentar y demás actos de violencia contra la pareja.
- Guardar emociones hasta explotar con ira.
Cuando se rompe la confianza
- Ser infiel.
- Hacer promesas que nunca se cumplen.
- Mentir acerca del pasado.
- Generar falsas expectativas.
- No confiar en la pareja.
- Encontrar en otras personas afinidades que no se encuentran en la pareja (sexo, gustos, comunicación, tolerancia).
- Mentir a la pareja sobre preferencias y prácticas sexuales.
Cuando deja de haber intimidad
- Permitir que el deseo y la creatividad sexual sean reemplazados por el trabajo excesivo.
- No expresar adecuadamente las fantasías sexuales.
- Cuando tener relaciones sexuales con la pareja es molesto y genera fastidio.
- Rechazar sexualmente a la pareja o sentirse rechazado por esta.
- Pensar que el sexo no es importante para mantener una buena relación de pareja.
- No ser atractivo físicamente para la pareja.
Cuando dejan de comunicarse y de cuidarse
- Pensar constantemente que la relación se va a acabar.
- Ver a la pareja como un ser desconocido, diferente al de antes.
- La falta de generosidad con la pareja.
- No expresar los verdaderos sentimientos por miedo a ser juzgado o manipulado.
- Recargar a la pareja con gastos y responsabilidades.
Factores externos y de fondo
- Imponer una cultura o religión.
- Descubrir que tu pareja ocultaba algo esencial sobre quién es o qué quiere de la vida (proyecto de vida, sexualidad, valores) que les hace incompatibles.
- El desempleo prolongado de alguno de los integrantes de la relación.
- La imposibilidad de alguno de los dos de tener hijos.
- No tomarse el tiempo suficiente para conocer a la pareja antes de tomar decisiones que afecten el futuro.
- No tener empatía con la familia del otro y, por el contrario, mantener una mala relación.
¿Se puede evitar el divorcio o la separación?
En la mayoría de los casos, sí — siempre que se actúe antes de que el resentimiento se vuelva la forma normal de quererse. El peligro real no es tener problemas; es acostumbrarse a ellos. Cuando la burla, la distancia o el reclamo se vuelven el clima de todos los días, la pareja deja de pelear por la relación y empieza a sobrevivirla.
Buena parte de estas actitudes se desactivan recuperando algo muy concreto: la capacidad de hablarse sin atacarse. Si reconoces varias de esta lista en tu relación, vale la pena empezar por ahí — por cómo se están comunicando—, porque casi todo lo demás se monta sobre eso. Hay una excepción importante, que merece párrafo aparte.
¿Cuándo buscar ayuda?
Busca ayuda cuando reconozcas varias de estas actitudes instaladas y sientan que solos no logran frenar el deterioro: cuando ya no saben hablar sin pelear, cuando la distancia se volvió costumbre, o cuando uno de los dos empezó a pensar en irse. No esperen a que no quede nada que reconstruir.
Soy terapeuta de pareja e individual, no soy psicóloga clínica ni psiquiatra. En la terapia de pareja suelo empezar con una sesión individual con cada uno antes de la conjunta, porque para frenar este desgaste primero hay que entender qué trae cada quien. Mi trabajo es ayudarlos a decidir con claridad — ya sea para reconstruir la relación o, si ese es el caso, para separarse de la forma menos dañina posible.
¿Se identificaron?
Reconocer estas actitudes no significa que su relación esté condenada: significa que todavía están a tiempo de hacer algo distinto. Muchas parejas que llegan pensando en separarse descubren que lo que estaba roto se podía reparar — solo necesitaban dejar de hacerlo solas.
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